3º ESO – Un recorrido por la arquitectura tradicional leonesa, desde las pallozas hasta las bodegas

Pallozas de Balboa
 
El contraste orográfico de la provincia de León ha dado pie a la conservación de distintas arquitecturas tradicionales que ofrecen un recorrido por la tierra leonesa que va desde casas de piedra, adobe, hórreos o pallozas hasta palomares o molinos que salpican cada rincón de los paisajes.


            Las moradas de la montaña adecúan su estructura a las peculiaridades de cada comarca, aunque, generalmente, son edificaciones de piedra con cubierta de teja cuya techumbre originalmente era de paja y material vegetal. De planta rectangular, en la mayor parte de estas construcciones existe un cobertizo que da cobijo a los aperos, carros y ganadería pequeña como gallinas y conejos. Así, mientras en la vertiente oriental priman los anaranjados techos de teja, en la occidentalpredominan las oscuras cubiertas de pizarra.
 
Palomares en La Cabrera
Muchas de las casas de la montaña incorporan a su fachada corredores de madera en la parte superior, especialmente las cabreiresas, y algunas poseen una escalera exterior que comunica con el corredor; otras, como las lacianiegas, se construían en semicírculo.
 
La casa babiana o la casa con panera constituyen también una muestra de arquitectura popular. El Bierzoenseña multitud de edificaciones de aspecto similar a la casa cabreiresa, asentada sobre la ladera de las colinas, con la zona habitable en la parte alta, techos de pizarra y ornamentación sencilla, según informa el Consorcio Provincial de Turismo en su página web, www.turisleon.com.
 
Por su parte, el hórreo es una construcción característica de las zonas montañosas y húmedas, con singularidades en cada región. En Riaño y Picos de Europa, esta edificación es de grandes dimensiones, puede asentarse sobre cuatro, seis o nueve pilastras con techo de teja y su función es la de almacenar alimentos, cereales e incluso los productos de la matanza.
 
En cuanto a las chozas de pastor, construcciones cónicas o de planta cuadrada utilizadas para el refugio del pastor en la montaña, están construidas en piedra con techo de teja o paja. En el mismo habitáculo suele encontrarse una estancia para el descanso y una pequeña chimenea para proporcionar calor.
 
La casa maragata arriera conserva algunos ejemplos en el Castrillo de los Polvazares y Santiago Millas. De piedra marrón con gran portón de madera y un amplio patio, está dividida en dos plantas, la inferior acoge la cocina y la sala principal, mientras que la superior queda reservada para los dormitorios.
 
Otra muestra de la arquitectura popular leonesa es la casa de adobe, muy frecuente en las zonas de Tierra de Campos, la ribera del Cea, los Oteros, el Páramo y Tierras de León. Aún se conservan algunas en buen estado con techo de teja y diferentes estructuras y la mayoría dispone de un patio central o corral alrededor del cual se distribuyen todas las dependencias.
 
Hórreo de Las Bodas, el más antiguo de España

 Las zonas de riberas fluviales añaden a las casas de tapial una característica propia, la utilización del canto rodado que se asienta en los lechos de los ríos. Su estructura es similar a la de adobe, con corral o patio interior, alrededor del cual se disponen las demás dependencias.

 
Respecto a las pallozas, de origen probablemente prerromano, son de planta elíptica o cuadrangular en la que se dispone la vivienda y el espacio para el ganado de forma conjunta. Esta característica permitía aprovechar el calor que desprendían los animales y vencer así los rigores del invierno. El techo es de paja con forma cónica o a dos aguas y los mejores ejemplos de esta construcción se conservan en los Ancares leoneses, con un protagonismo especial en Balouta, Campo del Agua o Burbia.
 
Por su parte, los palomares están construidos a base de barro, adobe o tapial en los muros, teja y madera con formas distintas según el dibujo de la planta: circular, cuadrada, rectangular o poligonal. En las paredes interiores anidan las palomas y el acceso sólo es posible a través de pequeñas aberturas situadas en el tejado, mientras que una puerta apenas permite la entrada de personas, para dejar alimento, agua, recolectar los pichones y retirar la palomina que se destina al abono de los campos. Las mayores concentraciones se encuentran en Tierra de Campos, Páramo, Órbigo y Esla.
 

Los molinos forman parte “inseparable” del paisaje de muchos pueblos leoneses. Su singularidad radica en las peculiares estructuras que tratan de adaptarse a la orografía que surcan los numerosos ríos de la provincia, por lo que se adecúa su interior a las labores propias de la molienda.

 
Finalmente, las bodegas son cuevas horadadas en la tierra, propias de aquellas zonas donde el cultivo de la vid ha tenido cierta importancia. Situadas en pequeñas lomas o promontorios de tierra arcillosa para aprovechar el desnivel, estructuran su interior en forma de galerías que dan acceso a dependencias pequeñas. En su origen, estaban destinadas a la preparación, crianza y cuidado del vino, ya que su interior consigue una temperatura constante entre los 14 y 15 grados, muy favorable para la estabilidad del caldo.

 

Fuente: EUROPA PRESS. 19.09.2010



Podemos completar toda la información con la visualización del siguiente reportaje, en el que aparece una breve explicación de algunas de las construcciones más típicas de nuestra provincia. 


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